Hospotel, el lugar donde cuidarse también es descansar y disfrutar

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Clínicas-resort, hoteles de pacientes y residencias de longevidad redefinen la manera de recuperarse, prevenir enfermedades y envejecer con calidad de vida.

La salud ha dejado de ser un asunto que se aborda únicamente en la consulta médica o en la planta de un hospital para convertirse en un eje transversal del estilo de vida, del consumo y también de los viajes. La pandemia actuó como acelerador de este cambio al poner el foco sobre el estado de salud de las personas, y el mercado ha respondido con rapidez, hasta tal punto que se espera que el turismo de bienestar alcance un volumen de negocio global cercano a los 1,5 billones de dólares para 2029. A ello se suma el interés por envejecer en buenas condiciones, tal y como revelan los resultados de una encuesta de McKinsey, en la cual alrededor de un 60% de consumidores considera el envejecimiento saludable una prioridad máxima o muy importante.

En este escenario toma forma una tendencia que podríamos denominar como hospotel u hospitality bridging healthcare, que describe una nueva categoría a medio camino entre el hotel y el hospital, especialmente dirigida a aquellas personas (con frecuencia, en el contexto de viajes o turismo) que sitúan la salud en el centro de sus decisiones. Esta convergencia supone, en realidad, un regreso a los orígenes, puesto que los primeros hospitales funcionaban como albergues donde el cobijo y la alimentación convivían con una asistencia médica básica. Hoy, en plena Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) promovida por la OMS, tanto el impulso de la esperanza de vida poblacional como el aumento de las enfermedades crónicas y la presión sobre las infraestructuras sanitarias, invita de nuevo a reconciliar ambos conceptos.

El hospotel puede definirse como un modelo asistencial y organizativo híbrido que integra procedimientos clínicos, diagnósticos o de cuidado de la salud en general, con los estándares de servicio, diseño, confort y atención personalizada propios del ámbito hotelero. Uno de sus propósitos es sustituir el entorno típico de hospital por una atmósfera residencial que favorezca la recuperación física y psicológica. No obstante, bajo este paraguas conviven formatos distintos como, por ejemplo, el hotel de pacientes (patient hotel, común entre los países nórdicos) que es gestionado por los propios sistemas sanitarios para alojar a pacientes autónomos y a sus familiares, el hotel adosado a un gran centro médico (mediante alianzas entre los dos tipos de organizaciones), la clínica-resort especializada en medicina preventiva y longevidad, o hasta hoteles de segmento premium que incorporan un socio clínico para ofrecer servicios médicos de alto valor a sus huéspedes.

En la práctica, el modelo se apoya en un diseño fundamentado en la evidencia. Así, en la década de los 80, el investigador Roger Ulrich observó que los pacientes operados de vesícula cuya habitación tenía vistas a árboles permanecían ingresados menos tiempo y precisaban menos analgésicos que quienes tenían vistas a un muro. Del mismo modo, algunos protocolos de reducción de ruido en hospitales han logrado disminuir la incidencia de delirio entre los pacientes. Por este tipo de efectos los hospoteles recurren a materiales cálidos, acceso a la naturaleza, aislamiento acústico, habitaciones tipo suite con espacio para acompañantes, iluminación que acompasa el ritmo circadiano, o menús de chefs y nutricionistas.

Una de las vertientes de mayor dinamismo en esta industria es la orientada a servicios en torno a la longevidad y a un envejecimiento en las mejores condiciones posibles. Estos centros combinan diagnóstico avanzado (ej. análisis de biomarcadores, pruebas genéticas y epigenéticas, estimación de la edad biológica, evaluación cardiovascular y del movimiento, etc.) con programas personalizados de nutrición, sueño, ejercicio, gestión del estrés y salud mental, a veces complementados con otras intervenciones como hipoxia controlada, crioterapia o administración de sueros funcionales. Es el caso, por ejemplo, de las “residencias de longevidad” que trasladan este enfoque a un tipo de vivienda que abarca todo tipo de prestaciones médicas integradas, como la comunidad Velvaere en Utah (Estados Unidos).

Las áreas de aplicación actuales de esta categoría de instalaciones abarcan desde la recuperación postoperatoria de baja complejidad, la estancia durante pruebas diagnósticas de varios días o el alojamiento de pacientes en tratamiento continuado lejos de su domicilio, hasta el turismo médico, las intervenciones con foco específico (ej. prevención, longevidad, salud mental) o el senior living con servicios sanitarios. A futuro, la combinación de dispositivos wearables, inteligencia artificial y telemedicina puede permitir extender la lógica del hospotel al propio hogar, en la línea de la hospitalización domiciliaria.

Entre los ejemplos más consolidados en este contexto figuran los hoteles de pacientes escandinavos, cuyo origen se sitúa en el Hospital Universitario de Lund (Suecia) y que hoy cuentan con referentes como el Patienthotel del Rigshospitalet de Copenhague (Dinamarca). Por su parte, Cleveland Clinic mantiene una alianza de largo plazo con InterContinental Hotels Group (IHG) que integra hoteles conectados a su recinto mediante pasarelas cubiertas, y dirigido a pacientes y familiares.

La relevancia de esta propuesta de valor se hace evidente por su impacto en múltiples ámbitos, como el económico y sanitario, ya que una noche en un hotel de pacientes puede costar entre un tercio y la mitad que una estancia hospitalaria, lo que permite liberar camas ocupadas por pacientes estables y reducir la sobrecarga asistencial sin comprometer la seguridad de estos usuarios. Desde la perspectiva empresarial, abre nuevas líneas de negocio y alianzas entre cadenas hoteleras y operadores sanitarios y, en el plano social, ayuda a mejorar la experiencia de pacientes y familias, aunque plantea problemas en términos de equidad puesto que su vertiente de lujo es inaccesible para la mayoría de ciudadanos.

El reto por delante es que estas fórmulas puedan consolidarse como herramientas terapéuticas complementarias, capaces de liberar recursos de los sistemas sanitarios y de acompañar a las personas a lo largo de su envejecimiento, y no solo como un producto exclusivo al alcance de unos pocos.

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